martes, 10 de noviembre de 2009

MEDALLA DE HONOR DEL CONGRESO DE LA REPÚBLICA PARA EDUARDO GONZÁLEZ VIAÑA

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La Medalla de Honor del Congreso del Perú en el grado de Gran Cruz va a ser conferida al escritor Eduardo González Viaña en ceremonia que se realizará en esa sede legislativa el jueves 26 de noviembre a las 6.30 de la tarde. Es la mayor condecoración de ese poder del estado. El autor, quien viene de Estados Unidos para ello, ofrecerá una conferencia en el mismo lugar.
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María del Pilar Tello, presidente del directorio de “El Peruano” y Luis Alva Castro, presidente del Congreso del Perú, le entregará la condecoración.
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Autor de unos treinta títulos, catedrático en los Estados Unidos, Premio Internacional de Novela en ese país, Premio Nacional de Cultura del Perú, Premio Internacional Juan Rulfo de narrativa, Miembro Correspondiente de la Academia de la Lengua, entre otros de sus galardones, González Viaña ha expresado en sus obras la esforzada y milagrosa epopeya de la inmigración hispanoamericana en los Estados Unidos.
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Eduardo González Viaña entregó hace poco la primera novela biográfica acerca del poeta César Vallejo, su paisano y, como él, estudiante de la Universidad Nacional de Trujillo. Con el hasta ahora casi desconocido expediente judicial a la mano y una serie de cartas inéditas, el autor recreó la espantable experiencia carcelaria del mayor poeta peruano así como el encanto sin límites de una vida fascinante.
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Su novela El corrido de Dante es considerada como un clásico de la inmigración en Estados Unidos. En menos de dos años, ese libro (Arte Público, USA, 2006) ha tenido cinco ediciones en países e idiomas diferentes. En castellano e inglés, en Texas, Estados Unidos. En italiano, en Siena. En marzo del 2008, apareció la edición española, en Alfaqueque y en agosto, la latinoamericana, en Planeta.
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Por ese libro, en julio del 2007, González Viaña obtuvo el Premio Latino Internacional de Novela de los Estados Unidos en un evento muy comentado por la crítica norteamericana en el que el segundo premio fue compartido por las reconocidas novelistas Gioconda Belli e Isabel Allende.
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El autor publica cada semana "El correo de salem", una columna periodística que aparece simultáneamente en decenas de diarios de América y en “La Nueva España”. Además de vibrante defensa de los inmigrantes, esa columna intenta ser una radiografía de la vida norteamericana.
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Orador fascinante, se descuenta que su presentación llenará el tradicional hemiciclo del Senado. Este mismo año, Gonzalez Viaña congregó multitudes en la Biblioteca Nacional, y el local de la Asamblea Nacional de Rectores, entre otros. La entrada es libre previa presentación del DNI.

jueves, 15 de octubre de 2009

CARLOS BAYONA: EL ÚLTIMO DE LOS POETAS ERRANTES



Escribe: Nivardo Córdova
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Nadie es profeta en su propia tierra. Y esto nuevamente lo confirma el poeta piurano Carlos Bayona Mejía, quien recorre todo el Perú con sus poemas y sus libros.
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Desde lo alto de un promontorio de rocas esculpidas por el viento, en el corazón de la ciudadela Pachacutec -en el distrito limeño de Ventanilla- el poeta Carlos Bayona Mejía (Piura, 1967) contempla el mar. Su mirada se pierde en la nostalgia y recuerda su infancia en la caleta paiteña de La Tortuga, donde nació. “Mi padre, Julio Bayona Montenegro era un hombre muy trabajador: salía de pesca o aprendía nuevos oficios, como el de mecánico o albañil. Mi madre, Rosa Mejía Chunga, natural de Catacaos, tenía una pequeña picantería en casa, trabajo con el que nos mantuvo luego del fallecimiento de mi padre”, recuerda.
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Aquí en Pachacutec, frente al mar nublado, el poeta viene semanalmente a cuidar su pequeña casa de esteras y madera, producto de una invasión en el arenal, mientras ahorra dinero para construirla. Pero en Lima, Bayona no es un migrante más. Es un poeta que viene del corazón del pueblo y va hacia él como quería César Vallejo. Y en esta metrópoli, que ya bordea los diez millones habitantes, acaba de nacer Gonzalo, su segundo hijo. Mientras el mayor, Julito, estudia la primaria y su diligente esposa Karen es el remedio de su soledad.
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Lima a veces te expectora con violencia. Pero también es una ciudad acogedora que diariamente recibe a todos los que vienen a buscar trabajo”, afirma. Bayona llegó a la otrora Ciudad de los Reyes hace más de quince años y en esta urbe él repite la misma historia experimentada por miles de migrantes: la búsqueda de un sueño. Sin embargo, Piura sigue siendo una presencia constante, que se refleja no sólo en el acento dulce de su voz norteña, sino también en todos sus referentes culturales y vivenciales. “Siempre llevo a mi tierra en el alma”, expresa.
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Su infancia transcurrió en Piura, donde tuvo que recuperarse de un accidente que le afecto la pierna derecha, producto de una caída casual. Fue un episodio trágico, que marcaría su existencia hasta hoy. Pero él no se inmuta, y nos dice que la función debe continuar porque sabe que “Hay golpes en la vida, tan fuertes…”.
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Sorprende no sólo su resistencia física, a pesar de las dolencias, sino su fortaleza espiritual. El bolso que suele llevar con decenas de libros debe pesar más de treinta kilos, y con él sube a los omnibuses y combis, y recorre no sólo grandes librerías en el centro de Lima, sino también visita a los libreros ambulantes del jirón Amazonas y los de los distritos periféricos –los “conos” limeños” – de Ciudad de Dios, Comas, San Martín de Porres, Los Olivos, Carabayllo, Villa El Salvador, Villa María del Triunfo.
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Como escritor, Bayona se ha labrado un camino a puro pulso, sin necesidad de padrinos literarios, sin apoyo de grandes editoriales, sin malabarismos ni artificios. Solamente con su voz. Recuerda que se inició en la poesía cuando era adolescente, y en el colegio solía declamar encima de las carpetas, mientras sus compañeros y profesores pensaban que no estaba totalmente cuerdo.
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“El propio director recomendó que, a causa de mis poemas, me hicieran un examen psiquiátrico. Me acuerdo que el médico, después de conversar largo rato conmigo me dijo: tú estás muy bien, sigue escribiendo”, afirma. Desde entonces no dejó de escribir. Al concluir la secundaria ingresó a la Escuela Superior de Bellas Artes Ignacio Merino, donde concluyó sus estudios de dibujo y pintura. Su tesis sobre el pintor Víctor Humareda todavía espera el momento preciso, el paréntesis en la sobrevivencia, el alto en el camino.
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Bayona ha logrado consolidar su fe y su aliento poético. En sus inicios, solía recorrer plazas, colegios, universidades y alamedas difundiendo sus “plaquetas” literarias. Así conoció casi todo el Perú, organizando ferias populares de libros “de a un sol”, ofreciendo recitales y escribiendo sus poemas. En uno de ellos precisamente dice: “He de ser siempre caminante / puro caminante hasta en / los codos. / Así, me han de llamar marinero trotamundo / viajero sin motivos. / Luego dirán los que me vieron tejiendo alfombras / en caminos hechos de relámpagos / terco, puro terco…”.
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Y pensar que un comentarista se refirió a Bayona en términos despectivos, llamándolo “aquel personaje que reparte papelitos”, a él no importan ese tipo de epítetos, pues su poesía se ha fortalecido, al igual que la de otros extraordinarios poetas piuranos de su generación como José María Gahona, Efraín Rojas, Raúl Saldarriaga o Gabriel Garay, por mencionar sólo algunos casos notables.
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La vida, y también la muerte, son los grandes temas de su poesía. Recientemente, Bayona se sintió conmocionado por la trágica muerte del poeta limeño Josemari Recalde. “Lo conocí en la biblioteca de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Era un ser muy especial, sencillo, pero tenía un dolor en el alma. Me dedicó un ejemplar de su poemario El libro del sol y luego quedamos en vernos. Días después, leyendo un periódico, me topé con la noticia de su suicidio”, recuerda, mientras recita el poema “Prolongación del misterio” que ha dedicado a Recalde: “Porque somos árboles milenarios / en nuestras cabelleras manchadas de estaciones / Llegan pájaros agoreros / Arrieros buscando el aire y la sombra. / No importa cuál sembrador, con qué sombrero / Nos tiraron en dúctiles tierras. / ero somos al fin y al cabo árboles fuertes y profundos. / Nos cortan, nos rebanan las coronas. / Nos vuelven estúpidos a veces / podándonos el alma; nos quitan nuestra / fuente de vida.
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Como siempre somos resistentes / a las mutilaciones. / Crecen crispados dedos. / La libertad ensayando nuevos vientos. / La tierra alimenta nuestras voces. / Nacen embriones vestidos de alegría firmamento. / Pues en nosotros queda la prolongación del misterio / la luz y nuestras vidas colgándose del tiempo”. Ese mismo poema, también se lo dedica al poeta chiclayano Juan Ramírez Ruiz, fallecido trágicamente el año 2007 en Virú.
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Hoy, este mismo mar de Ventanilla, que hace años fue la tumba de los jugadores del Alianza Lima, recibe hoy los ecos del poeta. Los años no han pasado en vano: aprendió que en la vida –y también en la literatura– sólo debe haber lugar para los sentimientos puros. El autor de Poemas nostálgicos (1990), De la sombra a la luz (1991), Poemas sin nombre (1992) o plaquetas con títulos singulares como “Dientes burilados en parques de piedras”, acaba de ser incluido en “21 poetas del siglo XXI + 7” antología poética editada el 2006 por el escritor Manuel Pantigoso. Esta inclusión es un mérito, teniendo en cuenta el silencio de la crítica oficial sobre su obra, aunque paradójicamente decenas de páginas en Internet dan cuenta de su obra literaria. Mientras conversamos de regreso a Lima, después de haber visitado la casa del poeta en Pachacutec, Bayona nos sigue relatando episodios de su infancia. En el puente Zarumilla bajamos del vehículo, y aunque él insiste en cargar su bolsa de libros yo le pido que me permita ayudarlo. Y así llegamos hasta un mercado, donde el poeta directamente me lleva al puesto de pescado. Con ojo experto, escoge las caballas más frescas –estas no vienen de Sechura, lamentablemente-, busca luego limones, rocoto y cebollas, con las que más tarde, en la pensión donde vive provisionalmente junto a su familia, prepara un exquisito cebiche piurano, con el mismo arte con el que escribe sus versos. Yo simplemente lo observo, agradecido y agradecido.
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En la foto: Carlos Bayona, por Pedro Bayona.

jueves, 1 de octubre de 2009

Acerca de “EL SENDERO LUMINOSO DEL PLACER” de Willy del Pozoº

Escribe: Julia Sovero
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Cuando uno mira hacia atrás por el camino de su vida generalmente no tiene la valentía, ni los cojones para aceptar todo su pasado con franqueza, autenticidad y mucho menos con humor, como lo hace Willy del Pozo en estas crónicas autobiográficas, pues a todos generalmente nos duele el pasado: si fue bueno por haberlo perdido, si fue malo por las heridas que dejó.

No es fácil reconocer y menos liberarse de hechos inconfesables que vivimos. Están allí aguijoneando la conciencia de cuando en cuando, haciendo sentir su presencia como detectives que te dicen: Sé lo que hiciste, y es cuando uno se vuelve esclavo del pasado.

De hecho, si escribir es una de las estrategias más liberadoras que ha inventado la mente humana, hacerlo sobre nuestro propio pasado, lo es todavía más: es cerrar tratos y deudas con aquellos que nos acompañaron por el sendero de nuestra existencia. Esta obra, por tanto, es una invitación a la libertad. Nos enseña que la única forma de construir un proyecto de vida es aceptando todo lo que realmente somos, reconociendo que las experiencias vividas obedecen a un contexto y que sean cuales sean, son valiosas y necesarias para crecer.

En estas páginas de un anti héroe, aparece también un anti mensaje: No es la historia de un chico insensato, que con el despertar de su falo, se va como un “Terminator”, a barrer con media ciudad (La naturaleza, como decía Nietzsche, no es buena ni mala, el juicio acerca de la moralidad e inmoralidad de las cosas, lo atribuimos nosotros), es más bien la historia de un muchacho sensible, sujeto a muchas coyunturas sociales, que él asume y enfrenta sin caretas, sin mecanismos defensivos, con la mayor naturalidad y hasta cierto grado de estoicismo: vive las cosas porque sus circunstancias determinaron que así sea, aunque como buen antihéroe, no se siente víctima ni ente pasivo de sus circunstancias y lo que es mejor, no pierde su esencia ni su identidad en un mundo que se le ofrece a él muy cambiante, si es que podría hablarse de “identidad” en una generación tan desarraigada, a la cual los dos pertenecemos: la generación del nihilismo, de la desesperanza, de la falta de fe. No olvidemos el contexto social en el que se mueve este gran perdedor: violencia terrorista, prostitución, drogas, etc.

Agrada la forma profunda con que cuenta lo banal, el modo tan fino de mencionar la vulgaridad de la vida humana, el tono sencillo de decir sentimientos profundos y encontrados.

El autor, nos propone además, un sentido diferente de vivir: el hedonismo como principio y filosofía de vida, la pasión por lo que se hace, el aprender a reírse de uno mismo, a no tomarse tan en serio las cosas, lo cual de cuando en cuando resulta tremendamente terapéutico y si bien su obra nos habla del pasado, es también una invitación a vivir en el presente, a centrarse en el aquí y en el ahora.

Este no es un análisis sobre aspectos literarios, y por lo que a mí queda decir en cuanto a la apreciación psicológica, felicito a Willy del Pozo, por habernos regalado esta historia, en la que nos muestra al desnudo el alma y el cuerpo de toda una generación.

Sé que para muchos la palabra “Sendero” en nuestro país está siempre asociada a la palabra “Violencia”. Con esta irreverente y chispeante obra, espero que al menos al rato de leerla “Sendero” nos suene mas bien a “Placer”, un placer quizá más intenso que el orgásmico.
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º Texto leído en la presentación de EL SENDERO LUMINOSO DEL PLACER de Willy del Pozo, en el auditorio de la Universidad Continental de Huancayo. Junín.

lunes, 28 de septiembre de 2009

LAS NIÑAS DE ABRIL ALONSO

(Una mirada múltiple a su literatura infantil)
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Por Ricardo Ayllón
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Abril Alonso, consciente de que al niño no hay que redactarle lo que imaginamos necesita, ha evitado la estrategia de interpretar lo que perciben y ha creado personajes a quienes deja libres sobre el universo que avizoran para que sean ellos quienes lo interpreten y transformen. Alejandra, Daniella y Micaela, corazón de estas historias, son criaturas con vida propia, niñas que gracias a sus anhelos luchan por devolver la sonrisa a este planeta con el poder propio de la infancia: la inocencia. El concepto de responsabilidad social ha sido asimilado por Alonso y hábilmente infiltrado en estas páginas que nos devuelven a esos años cuando teníamos la certeza de disuadir con nuestras voces a los astros.

Si bien el Perú se caracteriza por la calidad de sus escritores y por la sólida tradición de su literatura, en los diversos géneros, la narrativa para niños, últimamente representada por autores como Óscar Colchado Lucio, Danilo Sánchez Lihón, Sócrates Zuzunaga y Jorge Eslava; tiene como antecedente a lo más valioso de la literatura latinoamericana: el genial César Vallejo de Paco Yunque, Ciro Alegría de Navidad en los Andes, Arguedas y el pequeño Ernesto de Warma Kuyay, Francisco Izquierdo Ríos de El bagrecico, solo por citar algunas de las piedras angulares que han hecho de ella, un referente obligatorio para sembrar en nuestros niños el interés por introducirse a su mágico mundo; una corriente que le exige responsabilidad creativa y rigor académico a quien pretende aportar nuevos matices. Requisitos que cumple a cabalidad la propuesta de Abril Alonso, este nuevo autor que trae consigo la múltiple visión de los infantes de esta época del twitter y del facebook.Abril Alonso ha escrito este libro para ser degustado en familia. Estoy convencido que se divertirán con las aventuras de estas pequeñas que han de convertirse en las heroínas que seguirán las niñas de este tiempo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Entrevista a CARLOS CALDERÓN FAJARDO

“Las sociedades "necesitan" inventarse escritores de "culto" y los raros son perfectos para esa forma de momificación necrofílica”.

Por Harold Alva
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El primer libro que leí de Carlos Calderón Fajardo fue La conciencia del límite último; desde entonces he seguido de cerca la obra de este narrador a quien hemos tenido el privilegio de publicar El viaje que nunca termina: la verdadera historia de Sarah Ellen (Ediciones Altazor, 2009); que presentamos la noche del jueves 24 de setiembre en el Centro Cultural de España. Los comentarios estuvieron a cargo de Rossana Díaz Costa, Luisa Fernanda Lindo y de Willy del Pozo. Sobre Sarah Ellen, lo gótico y sobre los narradores jóvenes, dialogamos en la siguiente entrevista.
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Publicó un adelanto de esta novela en 1993. Han pasado más de quince años y publica la versión definitiva ¿Por qué tuvo reposando tanto tiempo a Sarah Ellen?
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La novela durmió 16 años porque maduró dentro de mí. La volví a reescribir después del sismo del 2007, cuando se creó un culto en relación a ella, después de que un hombre salvó la vida cobijado bajo su tumba. En 1993 era todavía un vampiro, pero a partir del 2007 se convirtió en una santa de culto. La idea de una vampiro que hace milagros me fascinó, y me reenganchó con la historia.
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La vida como un viaje, el viaje como metáfora de una existencia que nunca se termina, representado en Sarah Ellen, la inglesa que se alucinaba Vampiro. ¿Existió realmente esta mujer o se trata de otra leyenda urbana?
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La mujer existió, la leyenda nacida en Pisco, en Perú, llegó a Inglaterra y fue muy publicitada en la prensa inglesa y varios periodistas británicos hicieron una investigación exhaustiva sobre esta mujer. En google se puede hallar estas investigaciones hechas en Inglaterra. Lo mío es una novela inspirada en la leyenda urbana peruana. No recreo la leyenda, la leyenda me sirve de punto de partida para continuar ampliando mi horizonte expresivo. Esta novela no es extraña al corpus de mi narrativa, se emparenta con el cuento Gyula, con el tema de los verdugos de ese libro y con los rasgos góticos de mi novela La conciencia de límite último, novela con la que El viaje que nunca termina está emparentada; ambas novelas fueron escritas más o menos en la misma época, en el 91 y el 93 en los tiempos que estaba fresca de la embriaguez de sangre que hubo en la guerra interna.
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Lo heroico en esta novela es el amor de Jhon P. quien se embarca en esta travesía secundando a Sarah, él es quien al no rechazar el modo de vida de su esposa, inventa a la falsa vampiro. ¿El viaje que nunca termina podría ser clasificado también como una novela de amor?
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Es una novela de amor. La narrativa gótica moderna, en el cine y la novela han derivado a ser novelas de amor. El vampirismo como tema novelesco siempre ha estado relacionado con el sexo y el amor. El vampiro siempre vive penas de amor y cuando muerde efectúa una especie de coito de sangre que, en términos de placer sexual, es incomparable.
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¿Por qué elegir a un romántico, el Capitán Álvarez, para que conduzca el navío donde viajaba la pareja?
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El romanticismo fue un movimiento literario, filosófico, de reacción a la razón moderna. Este rechazo a lo moderno, vuelve con la postmodernidad. Esta novela fue escrita en pleno debate filosófico sobre la postmodernidad. Hay un romanticismo reciclado postmoderno; el rechazo a una modernidad tecnológica que todo lo depreda: la muerte de la randomancia, de las novelas góticas; el capitán Álvarez representa la resistencia de la magnifica navegación a vela, donde el capitán controlaba las corrientes y los vientos y Álvarez es el rechazo a los buques modernos donde los aparatos son los que controlan el rumbo de la nave.



¿Cuáles han sido los referentes literarios sobre los que construye esta historia? ¿Quiénes han sido los autores que han influido en su incursión al género gótico?
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Los referentes literarios son Bram Stocker, y la novela sobre El buque fantasma, de la que se hizo una película muy famosa y tiene que ver con una historia, la del Holandés errante, que está condenado a navegar sin fin; Wagner hizo una opera con esa leyenda El Holandes errante. Pero el referente fue la leyenda misma de Sarah Ellen sobre la que había mucha información en 1993.
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En el Perú no hay una tradición gótica, quizá un acercamiento en la obra de Clemente Palma, sin embargo no ha sido un género desarrollado por nuestros escritores, de allí que considero que El viaje que nunca termina se convierte en un referente histórico. ¿Seguirá explorando lo gótico? ¿Ha pensado en otra novela?
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Es cierto que en el Perú no hay tradición gótica, y si la hay. Gonzalo Portal Zubiate ha hecho una antología de 300 páginas sobre poesía peruana de filiación siniestra Urge púrpura (El lampero alucinado ediciones 2009). Y Elton Honores de San Marcos está preparando una antología de cuentos peruanos sobre vampiros. Temas hay para novelas góticas; los pishtacos, los saca ojos, los "roba caras". Etc
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De los nuevos narradores ¿a quiénes considera que debemos seguirle la pista?
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Esa pregunta es difícil de contestar, los hay fantásticos y realistas. Pero aún no se despunta un escritor en especial. Me interesan las narradores mujeres jóvenes. Claudia Ulloa, Rossana Díaz Costa, Alina Gadea, Julia Wong, yo creo que son a ellas a quienes hay que seguirles la pista.
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Los jóvenes lo leen como a un autor de culto ¿Usted cómo se califica?
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¿Cómo me califico? Como un hombre que ha perseverado más de 40 años en una misma vocación. Y lo que he hecho y hago, es intentar construir una obra personal, que busca en cada nuevo libro ampliar mi horizonte expresivo. Me importa poco, si soy famoso o no lo soy, si gano premios o no, si me internacionalizan o no, si las editoriales grandes se interesan por mí; en las alternativas me siento muy cómodo. No soy un gran escritor, si lo fuese ya me habría echado el lazo, el anzuelo, las grandes editoriales del mundo que andan buscando con lupa a grandes escritores, y no soy de culto, salvo para unos cuantos fans. Para ilustrar esto basta ver que sólo dos blogs publicitaron la presentación de mi novela. Eso de culto es un bluff. Las sociedades "necesitan" inventarse escritores de "culto" y los raros (Siu Kam Wen, Adolph. CCF) son perfectos para esa forma de momificación necrofílica.

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Sobre Carlos Calderón Fajardo:

http://www.librosperuanos.com/autores/calderon_fajardo1.html

martes, 15 de septiembre de 2009

ENTREVISTA A SERGIO BARANDIARÁN

“Quisiera que Coctel Selva Negra sirva para sensibilizar al público en cuanto a la diversidad de formas de amar y desear”
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Sergio Barandiarán

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Por Harold Alva
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Sergio Barandiarán ha escrito una novela desenfadada. Coctel Selva Negra (Ediciones Altazor, 2009) es un conjunto de historias de género que, al modo de El gran salto de Alberto Ciarriz, Contra natura de Álvaro Pombo, o No se lo digas a nadie de Jaime Baily; nos transportan a un territorio donde los encuentros furtivos, las fiestas, los viajes y las tragedias son la línea que cruza e identifica a sus personajes; inmigrantes en su mayoría, acreditados con ese salvoconducto de ciudadanos del mundo, propio de la globalización. El lector que se enfrente a sus páginas, no dejará de sorprenderse con el manejo de las situaciones, las mismas que en un momento lo pueden situar frente a una novela de viajes, otras, inserto en las páginas de un diario y, en su mayoría, como el concentrado receptor de una inusitada confesión que lo dejará conmovido y sin fuerzas para cuestionar el universo homoerótico, presentado al fin, con un nivel en el lenguaje, que bien podría resumirse como ese buscador infatigable que, en su momento, reclamó Virginia Wolf. Sobre este variopinto Coctel conversé con Sergio, aquí les dejo la entrevista.
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¿Por qué escogiste la novela para iniciar tu carrera literaria?

Más que una elección consciente de género literario, Coctel Selva Negra es el resultado de un cuarentón en crisis que siente que se le va la vida y trata de reconstruir algunos fragmentos de ella para convencerse de que ha “vivido”.


¿Has incursionado en el cuento? Te pregunto porque para tratarse de una primera novela, la estructura y el lenguaje nos presentan a un narrador que tiene conciencia del oficio.

Si bien Coctel Selva Negra es mi primera publicación, he escrito algunos cuentos con cierta regularidad desde 1995. Lo que llamas “conciencia del oficio” proviene a lo mejor del hecho de ser un ávido consumidor de literatura, sobre todo de mis autores favoritos, y por ser un filólogo de corazón con una incontrolable afición a todo lo relativo al lenguaje. Me encanta por ejemplo jugar con el doble sentido como en la mayoría de títulos de los capítulos. También participé hace algunos años en un taller de escritura creativa.


Coctel Selva Negra puede leerse como un diario de viajes, como la suma de varias historias, me da la impresión de que capturaste el concepto de la transvanguardia europea ¿Pensaste desde el inicio en una novela homoerótica?

La verdad es que soy bastante inexperto en teoría literaria. Coctel Selva Negra es más que nada un homenaje a personas que tuvieron un papel importante en mi vida y desarrollo personal. Con algunas de ellas mantengo una amistad entrañable hasta hoy, a otras les he querido aplicar una pequeña venganza desde la ficción. Quisiera que Coctel Selva Negra sirva para sensibilizar al público en cuanto a la diversidad de formas de amar y desear. Por otro lado, la mitad de los personajes, incluyendo al narrador, tienen un claro perfil homoerótico o lo van desarrollando en el curso de la historia, la otra mitad no.


¿A qué autores consideras tus referentes?

Exagerando un poco, te puedo decir que si quitas de mi biblioteca a Isabel Allende, Laura Esquivel, Jaime Bayly – las damas primero –, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, me dejarías casi huérfano de libros. Menos mal que tengo bastantes atlas altos y gruesos para rellenar esos espacios vacíos.


Elegiste narrar en primera persona ¿Cuánto de Sergio Barandiarán hay en Coctel Selva Negra?

El narrador y protagonista, Carlos Hayes, tiene de hecho bastante en común conmigo. Es básicamente un 'lorna' que se pasó todo el colegio estudiando y descuidó otras facetas importantes de la vida que más adelante tratará de recuperar con más o menos suerte. Por otro lado, los personajes co-protagónicos de cada capítulo los he creado a partir de personas reales, pero con las consabidas licencias de la ficción literaria para volverlos más pintorescos.
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¿Has pensado en una saga de historias donde puedas continuar explotando tu condición itinerante? Te pregunto esto por el final abierto de la novela.

Lo que tengo bien claro, es que algunos de los personajes co-protagónicos, por ejemplo Monsieur Rémy, dan para una novela entera. También estoy maquinando una saga familiar ambientada totalmente en el Perú.

Radicas en Alemania ¿participas de su bohemia? ¿qué tan intensa es allá la actividad literaria?

Alemania es un país con una indudable tradición intelectual; tanto es así que ellos mismos se autotitulan “tierra de poetas y pensadores”. Basta pasar un otoño-invierno allí para entender por qué: Con ese frío, cielo gris y oscuridad, se dan condiciones óptimas para encerrarse en su escritorio o sala y dedicarse a escribir o leer. Como autor en lengua extranjera, he participado alguna vez en la “bohemia” de un simpático círculo de autores hispanos que se reúnen cada mes en Colonia.

¿Cuál es tu siguiente paso como escritor?

Antes que nada, estoy trabajando en la traducción al alemán de Coctel Selva Negra para poderlo lanzar en la Feria del Libro de Frankfurt en el 2010. Posteriormente, quisiera reflotar los cuentos que escribí entre el 95 y el 2007 así como embarcarme en el proyecto de saga familiar lambayecana-limeña que abarcaría todo el siglo XX y cuyo título lo tengo listo desde hace diecisiete años, falta tan solo el contenido.

En una frase: ¿Quién es Sergio Barandiarán?

Un itinerante con raíces más en el aire que en la tierra, con muchas dudas y pocas certezas, con poco amor al trabajo – no más de seis horas diarias, por favor – y muchas ganas de viajar por el mundo, probar las comidas típicas de cada lugar y a sus respectivos cocineros.

¿Qué papel juega el Perú en tu libro?

Teniendo en cuenta que la mitad de mi vida he sido extranjero, el concepto de “patria” se ha extendido a todos los lugares donde he vivido más de un año y experimentado eso que llamamos felicidad, donde he querido y me han querido, como Friburgo, Basilea y Frankfurt. En Coctel Selva Negra, aparte del narrador, hay otros dos co-protagonistas peruanos, el estudiante y cocinero Jaime así como la brichera jubilada Leticia. Todos ellos comparten la peruanísima pasión por la buena mesa. Tengo también claro que mi próximo proyecto de cierta envergadura tendrá como telón de fondo ya no la Selva Negra sino la multifacética geografía peruana.

lunes, 17 de agosto de 2009

Burdel, metáfora de la clase política criolla

Escribe: Urbano Muñoz

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Sin ideales no hay futuro que valga es el mensaje central de la novela Burdel (Lima: Ed. Altazor, 2009. 91 Pp.), de Harold Alva (Piura, 1978), donde se narra la historia de dos jóvenes abogados, en la Lima de las dos últimas dos décadas, Esteban Ramírez del Villar y Rodrigo de Vergallo, con énfasis en el tránsito de ambos personajes desde su condición de románticos a la degeneración, a medida que van renunciando a sus sueños, defraudados por la clase política corrupta.
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El proceso tiene tres fases. En la primera, romántica, Esteban y Rodrigo, como estudiantes universitarios, participan, entusiastas, en las marchas de protesta contra la mafia de Hiroto (Fujimori) que gobierna el país y se involucran con el sector opositor. Rodrigo ingresa al partido Actitud Popular Latinoamericana (APA) y Esteban a Patria Posible, liderado por Gamero (Toledo). Los jóvenes descubren pronto que el sector opositor es tan sórdido como la mafia hirotista; sus experiencias son similares, aunque sus reacciones, diferentes.
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Rodrigo crea un movimiento para salvar al APA de los “malos dirigentes”, fracasa y es expulsado. Conoce a Javier Sierra Tuesta (Javier Valle Riestra), quien lo recluta para formar un nuevo partido, mas luego vuelve al APA, dejando en el aire a Rodrigo. Éste renuncia a la política y piensa en apostar por la cultura fundando una entidad promotora de la lectura, pero es estafado por un socio. Sin darse por vencido, opta por dedicarse a la poesía; publica un poemario, que es demolido por la crítica. Entonces desempolva su título de abogado y se ilusiona con la idea de llegar al Poder Judicial.
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En el caso de Esteban, al descubrir que Gamero es un cocainómano y un putero, cuyos asesores son agentes del Servicio de Inteligencia, y que todo su partido está podrido, renuncia a éste. Es la época en que Hiroto se rereelige y Esteban, quien era el que organizaba los mítines de protesta, tiene que esconderse porque lo busca la policía. Poco después, cae Hiroto y asume la presidencia Paniagua. Nuestro personaje deja su escondite y Fica Urrutia le ofrece un puesto importante en su naciente movimiento social cristiano. Esteban acepta y vuelve a involucrarse con la clase política. Se vuelve cínico, constatando que el mismo Congreso de la República es una suerte de gran burdel donde las conciencias se venden como culo de puta. En estas circunstancias, se casa con una joven de “buen apellido” y, merced al apoyo de su suegro, funda una academia para “abogaditos mediocres que no son capaces de escribir siquiera un libro” y los prepara para ser candidatos a juez y ocasionalmente dicta conferencias sobre temitas de moda. Parece realizado, aunque un poco aburrido; para romper con la rutina, en sus horas libres se hace columnista de un periódico. Su nueva faceta lo lleva a explorar el mundo de los lenocinios de la ciudad.
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Es la fase de la degeneración, donde Rodrigo, por su parte, en su deseo de llegar al Poder Judicial se matricula en la academia de Esteban. Éste le consigue un puesto de trabajo. Rodrigo al poco tiempo se casa. Parece que ya se ha acomodado en el sistema, pero no es feliz. Simplemente sobrevive, convertido en un emo, quien a escondidas de su mujer se refugia “en la búsqueda individual del gozo”, aficionado a los videos porno, las prostitutas y el consumo de todo tipo de sustancias. Su vida se complica cuando se enamora de Libeth, una mujer bella, pero egoísta.

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La historia concluye cuando, Rodrigo, rechazado por Libeth, se pega un balazo mortal. Esteban se deprime, se retira de la academia, renuncia al movimiento y al sueldo que le pagaba la Urrutia, deja el periodismo; luego, funda “El Partido”, prostíbulo exclusivo para burócratas, el cual se convierte en un negocio exitoso, gracias a que su propietario ha reclutado como trabajadoras a experimentadas y guapas meretrices de los burdeles más conocidos de la ciudad.
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En el último apartado del texto, Máximo Vitale, compañero de ruta de los protagonistas de la historia y narrador de la misma, resume la filosofía individualista y cínica de quienes como Esteban han renunciado a sus ideales y al compromiso social, convencidos de que ya no es posible cambiar al país. Vitale dice que ya no le importa lo que suceda con el resto, que prefiere su condición de animal solo viviendo en una “ciudad desierta”. La sensación de soledad y tristeza que envuelve a estas palabras, empero, es un resorte que devuelve al lector a la frase de Mariátegui que sirve de pórtico a la novela: “Sin un mito la existencia del hombre no tiene ningún sentido histórico”.
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Es evidente la alusión que se hace en esta historia al Poder Judicial y la gran prensa – la de los medios masivos limeños, desinformadotes y narcotizantes, expertos en generar cortinas de humo para distraer a la población y anular su interés por los asuntos de fondo y el destino nacional-, las entidades más desprestigiadas por su asociación con el problema mayor que nos tiene postrados como sociedad y estado: la corrupción.
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La peor herencia de la cleptocracia peruana de la década de 1990 fue la demolición de los valores morales nacionales. El período de transición democrática, con Paniagua, pudo ser una oportunidad para revertir las consecuencias de tan nefasto legado, pero fue insuficiente por tan breve. Retornaron pronto a la escena nacional los políticos oportunistas y corruptos, a cuyo contacto se pueden perder y pierden, casi siempre, los jóvenes y sus mejores sueños.
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Muy buena la lección que da Harold Alva, con esta su primera novela, y nos cae de perillas ante la necesidad apremiante de nuestro tiempo, de forjar una nueva y verdadera clase política, donde los jóvenes no sean la cola de los corruptos, sino sus fustigadores implacables y los protagonistas del cambio radical que requiere urgentemente el país.

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Urbano Muñoz: Poeta, narrador y ensayista; actual presidente de la Asociación de Escritores de Ayacucho. (El presente texto fue leído el día 13 de agosto del presente, en el auditorio del centro cultural de la Universidad Nacional San Cristobal de Huamanga, Ayacucho, en la presentación de BURDEL)